La ciencia se rige en general por la navaja de Occam que dice, en pocas palabras, que la explicación más sencilla es comúnmente la correcta. En la ciencia podemos tener por lo general varias teorías simultáneas que explican un fenómeno, pero comúnmente aceptamos la más sencilla, bella, o elegante. Así somos los seres humanos, tenemos un sesgo hacia las explicaciones que son a la vez visualmente atractivas. Pero este proceso de aceptación de la sencillez nos conduce muy fácilmente a teorías innecesariamente complejas. ¿Cómo es esto posible?
Una característica esencial de la ciencia es la forma estructurada en que se desarrolla: a partir de fenómenos sencillos se explican otros más complejos, y así se continúa creciendo paulatinamente. Al avanzar en este proceso, vamos seleccionando la explicación más sencilla de cada uno de los fenómenos que nos vamos encontrando. Y es ahí donde surge el problema: la sencillez no se propaga a través de este proceso constructivo.
Quiero mostrar esto con un ejemplo. Con mucha maña me he tomado la libertad de no especificar a qué me refiero con el término sencillo; ¿qué tipo de explicación es más sencilla que otra? En el ejemplo voy a usar teoría de conjuntos. Supongamos que tenemos una lista fija de conocimiento (axiomas) sobre algunos conjuntos:

nuestros fenómenos son simplemente relaciones (posiblemente complejas) entre conjuntos:

, y una explicación es simplemente una sub-lista de nuestros axiomas que implica el fenómeno dado. Voy a decir que una explicación es más
sencilla que otra si utiliza menos axiomas.
Así, para explicar el fenómeno

podemos utilizar ya sea la lista que tiene los axiomas 1, 3 y 5 o la lista que tiene los axiomas 2 y 4. Esta última será la que preferimos según la noción de la navaja de Occam: nuestra teoría dice que

porque 2 y 4 están presentes.
Si sustituimos
C por
D, hay únicamente una explicación posible: la lista con los axiomas 1, 3 y 6.
Pero ahora, ¿qué pasa si queremos explicar que

? En ese caso, tenemos que explicar

para lo que usamos 2 y 4, y explicar

para lo que usamos 1, 3 y 6. En total, ¡nuestra explicación del fenómeno utiliza 1,2,3,4 y 6! Pero, de haber seleccionado la otra explicación - en principio menos sencilla - para

, en conjunto tendríamos la explicación - más sencilla - que utiliza únicamente los axiomas 1,3,5 y 6.
Así, como ven, si las explicaciones más sencillas son deseadas en el resultado final, muchas veces es necesario complicar las explicaciones de los elementos intermedios. De otra forma, podríamos encontrarnos con teorías innecesariamente complicadas.
Este ejemplo depende completamente de definir
sencillo como lo hice, pero es posible adaptarlo para
arruinar otras definiciones.