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domingo, marzo 28, 2010

Diversidad de salsas

Ayer vi a un Nicaragüense echándole salsa Valentina a una empanada. Después compró otro frasco de la misma salsa para echarle a los tacos que iba a cenar.
Esto me dejó pensando en la gran diversidad de salsas que tenemos en México, pero en especial en su diversidad de usos. No soy capaz de explicar la diferencia, para mí simplemente es muy natural que unas salsas se usan para unas cosas y otras para otras, mientras que parece que para los no-mexicanos, los tipos de salsas son intercambiables para todos usos.
Déjenme poner unos ejemplos.
Para empezar, regresar a la Valentina. Yo jamás le pondría salsa Valentina a una empanada, o a unos tacos, o a una quesadilla. Para ese tipo de comidas usaría salsa verde, o ranchera, o pico de gallo, o guacamole. En cambio, ninguna de esas salsas las usaría para condimentar una ensalada de pepinos o de zanahorias; para estas últimas usaría la Valentina sin dudar.
Una diferencia similar viene con las rajas de chile. Unas rajas se pueden muy bien usar en los tacos y las quesadillas, además de las tortas, pero jamás en una ensalada. Sin embargo, esas salsas que quedaban tan bien en los tacos, dejan de ser apropiadas para una torta. La torta parece requerir, necesariamente, rajas y no salsas preparadas.
¿Ustedes qué opinan?

lunes, enero 21, 2008

Comida Mundial

Oh, ¡qué domingo tuve! ¡Qué comida tan deliciosa me devoré!
A medio día me tocó probar una deliciosa Lasagna, preparada por una italiana. Realmente perfecta, y realmente fui capaz de notar la diferencia entre esta "tradicional" y las "lasagnas" que he llegado a comer en México; nada que ver.
Para cenar, nos tocó comida típica de Georgia. Unas bolitas de masa rellenas de carne (y al final también unas con papa). Estaban tan buenas que, aunque no tenía tanta hambre por la Lasagna del medio día, me empaqué unas 5 (creo).
Y no sólo fue la comida. Fue un fin de semana casi perfecto, digno de ser recordado por un largo tiempo.

sábado, enero 06, 2007

La última cena

La última cena del 2006. Foto tomada por mi hermano.

lunes, diciembre 11, 2006

Frutas maduras

En mi casa en México siempre había frutas. En el momento en que se me antojaba una, podía ir a la cocina y elegir de una variedad (a veces muy amplia, a veces muy limitada) de frutas. Eso no significa que yo comiera muchas frutas, pero cuando lo hacía, siempre elegía una que estaba "en su punto": perfectamente madura, pero sin muestras de envejecimiento.
Mi madre, en cambio, siempre elegía aquellas que se veían más viejas. Pensándolo un poco, la razón es obvia: si no te comes esa fruta que ya está un poco pasada hoy, mañana estará aún más pasada, y así seguirá hasta que te la comas (aún más pasada) o de plano la tires a la basura.
Aunque ese razonamiento es válido y muy bueno, yo jamás me comía las frutas pasadas, y las dejaba ahí para que alguien se las comiera. Quiero resaltar que al decir "pasada" me refiero a, por ejemplo, plátanos con ya un par de manchitas negras; no me refiero a una fruta ya podrida. En casa se acababan todas las frutas en todo caso, así que no había gran necesidad de que yo me "sacrificara" comiendo una fruta pasada.
Ahora que vivo solo las cosas cambian. Si no me como yo la fruta, entonces nadie se la come, y terminaría tirándola a la basura (y odio tirar comida) y ahora soy yo quien se come esas frutas ya "pasadas".
Supongo que es ahí cuando uno se da cuenta de que se está volviendo responsable...